Músicos

on martes, 29 de mayo de 2012

Yo crecí con música. Mi papa siempre cantaba al regresar de trabajar y el edificio en el que vivíamos siempre estuvo lleno de músicos, a los que muchos llegaron a odiar por sus fiestas y ensayos de media noche, aparte de por aquellos extraños humores que salían de sus ventanas y que yo siempre identifiqué como incienso.


Más tarde, en la escuela, siempre fui de los guitarreros que tocaban en los recreos y en la universidad me uní a la tuna, con quien toqué en las calles de la ciudad de las canteras rosas. Con ellos se trataba de música durante horas de jueves a domingo. Desde que nos saludabamos a las 7 de la noche, hasta que nos despedíamos, a las 4 de la mañana. Lo cual fue una etapa bien bonita en mi vida, porque conviví con gente muy diversa en cuanto a gustos y habilidades musicales. Aparte de ello, eramos gente con mucha afinidad, nos llevabamos bien y nos acoplamos musicalmente de manera excelente. Jóvenes, nada bellos y con nada que perder. 

Al final, la vida me llevó hacia otro destino que me hizo recorrer caminos y topes en tierras desconocidas, mochila al hombro, solo. En París, me encontré con unos tipos que tocaban a media calle y nos dijeron a mí y unos amigos, "acérquense y sientense un rato que no les vamos a cobrar, solo queremos que nos escuchen". Me quedé ahí al menos unos 20 minutos antes de verlos desaparecer tras mis hombros y con un buen sabor de boca. Recordé lo bonito que es saber que te escuchan, que de entre todo el bullicio y complicaciones que tiene la vida, mi voz no se pierde y llega a los oídos de alguien a quien le aliviana la vida. 

Tal vez ya lo tenía desde antes y solamente lo aprehendí con esa experiencia, pero cada vez que veo un músico callejero que le echa ganas y disfruta de lo que hace, le dedico unos minutos para escucharlo, le sigo el juego, bailo, canto, aplaudo y dejo que me haga la vida más fácil. Si tengo monedas al alcance, les doy algunas con gusto. A veces me quedo a platicar un momento con ellos y me alimento con sus historias, en otras simplemente los saludo y los dejo pasar para encontrarlos en esta o en la otra vida. 


Comala

on domingo, 29 de enero de 2012

Diles que no me maten y el gallo de oro fueron hasta hace unas semanas, los únicos textos que había leído de Juan Rulfo. Durante muchos años viví sin haber conocido a Pedro Páramo y realmente no me interesaba, no me daba la gana. Incluso cuando por azares del destino me encontré con una pregunta en un examen que hablaba de Pedro Páramo, conteste esa pregunta porque en las respuestas posibles se encontraban nombres de novelas que ya había leído. "Prueba superada, al demonio".

No fue hasta algunos años después que escuché a David hablar de un arreglo en el que estaba trabajando basado en Pedro Páramo, cosa que me puso a pensar seriamente en la idea de leer el libro. Y no fue sino hasta otro año después que conseguí el libro  y lo puse en lista de prioritario después de "Game of thrones".

Todo empezó con la primera página.

Tardé un poco en leer el libro. Al principio lo leía antes de dormir, me quedaba durante varios minutos en algunos trozos y reconstruía la escena en mi cabeza. Regresarse a leer unos episodios fue imposible de evitar. Por lo general terminaba hundido en mis pensamientos con el libro sobre la cama. Fue cuando empezaron los sueños, soñaba con gente que extraña que me resultaba conocida, mi imaginación creaba mundo sobre mundo y terminaba sin poder dormir agusto. Intenté leer el libro de día, pero ese efecto de media noche no lo pude dejar. Los fantasmas de Rulfo me seguían por todos lados.

Las cosas se siguieron en cadena. En esos días visité a una persona en un hospital. Lo habían amarrado de pies y brazos a la cama porque sufría de unos lapsos esquizofrénicos bastante severos del cual yo fui testigo en alguna ocasión. Parecía como si estuviese escuchando los ecos de Comala y les respondía con algunos susurros apenas inteligibles. No escuchaba a nadie, simplemente su cabeza se fue y su cuerpo luchaba por no irse con él. Dos días después no pudo recordar nada de lo que escuchó.

Otra semana después cayó alguien más, que salía por las noches buscando mensajes en las estrellas y que hablaba con una mujer que buscaba su ayuda. "Si no me ayudas, te voy a hacer daño", nos dijo en el teléfono. Lo que desencadenó una sesión de cuentos de fantasmas y aparecidos.

A ello siguió el mismo David, que describió en su blog un encuentro con una niña el día de su cumpleaños.


"Viviendo solo uno aprende a escucharse, a no hablar de más y a lidiar con sus fantasmas."
"Uy, me respondió Caro, y tu cargas con muchos"

No entiendo por qué no se llevó el Nobel de Literatura ese canijo.


Viernes por la noche

on viernes, 20 de enero de 2012

Tengo hambre y flojera de cocinar.

¿Qué esa cajita en el refri?
Es una cajita de Magnum que compramos con Lola.
Y no está vacía...


Apasionados.

on martes, 17 de enero de 2012

A veces nos da miedo decir realmente lo que sentimos porque estamos seguros que la gente no comparte nuestros gustos ni pasiones. Conocemos perfectamente bien esas caras de desprecio y esos gestos que indican que no toman en serio tus palabras. Hace poco leí en el blog de un fotógrafo que a el le gustaba escuchar la palabra NO en todas sus variantes. Lo motiva.

Después hice un pequeño recuento de las cosas que me gustan y me motivan. Y de como me encanta sumergirme en el blog a escribir, una vez que tengo una idea. Como me frustra perseguirlas como mariposas y no llegar a ellas, o no tener el tiempo de no hacer las cosas que quiero hacer. Eso es por pendejo, por que si me gusta hacerlas, por qué no me lo doy.

De la pasión a la meticulosidad hay un largo trecho. Se puede hacer las cosas con gran habilidad o precisión milimétrica pero no le llega a la pasión. Después de ver a David preparando el asador y cortando las cebollas para una carne asada, a Lola regando las plantitas de la casa y platicando de la grasa buena onda, Mónica hablando de especias y de las historias raras que las rodean, o a Sámano de una hermosísima gráfica que tiene forma de una llave así como esta {, que le costó mucho trabajo pero que en realidad no sirve para mucho. En ocasiones su trabajo es imperfecto, pero le echan tantas ganas que te contagian el entusiasmo. Me doy cuenta que para mí, la perfección no es lo que da la belleza, sino el tiempo y la pasión que la persona le dedica a lo mismo.

Es precisamente la diferencia que percibo al escuchar a Paco Rentería o a Il Divo, contra escuchar a Jamie Cullum o Carolina Chocolate Drops o a The Saints, que resulta ser un grupito local que toca siempre en las ferias, pero que le echa tantas ganas que siempre me paro a bailar en sus toquines.

A veces me levanto y me está esperando ahí, esa pasión por salir a la calle y cambiarlo todo. A veces me cuesta trabajo excavar dentro de mi y encontrarla, incluso a veces me llena la melancolía y no la encuentro. Lo mejor de todo, es que puedo percibir esa pasión en cada uno de mis amigos, y me gusta que me la contagien. Tal vez sea por eso que siento una gran afección hacia ellos.


Des Variaciones de un martes por la tarde

on martes, 10 de enero de 2012

Todo empieza con la pantalla en blanco y con un frenético intento de llenar las primeras líneas para tomar vuelo y no quedarme durante treinta minutos mirando el inmaculado espacio en el que debería estar volcando lo que me pasa por la cabeza. ¡Ya está! Ahora solo se trata de no voltear hacia atrás, evitar las correcciones y las dudas. Como nuestras acciones, lo hecho, hecho está. No borrar ni intentar regresar para enmendar errores. Ahora son experiencias que cargamos como bagaje en nuestro caminar por el mundo.

Los inicios de año nos llenan de frases bonitas revisiones de todo lo que hicimos en el ciclo que se cierra el 31 de diciembre y juntos formamos parte de un esfuerzo mundial por atiborrarnos de noticias pasadas. Ensalzamos lo bueno y condenamos lo malo, o lo que sea que eso signifique. Nos llenamos de buenos deseos y de proyectos que, al menos en papel, vamos a intentar realizar.

Yo no soy la excepción y mi año estará lleno de grandes proyectos, viajes, aventuras, estudios y toda esa lista de pendientitos que quiero hacer antes de morir. Tengo 4 libros esperando a medio leer en la cómoda de mi cuarto, de entre los cuales dos me recuerdan al Quijote, al menos por la forma de tabicón que tienen. También tengo una persona con la que pienso compartir estos proyectos, y también los suyos.

"En los países del norte las estaciones son muy marcadas, decía la ministro. En invierno nadie sale, todos se encierran en sus casas y en sí mismos para planificar las estaciones mas bondadosas. Entonces es desesperante porque en las calles no hay nada, uno empieza a notar que hasta los sonidos son diferentes. Los ruidos son secos y hacen eco.
En primavera la gente desempolva sus casas, guardan las cosas del invierno y empiezan a hacer preparativos, porque en verano todos estan en la calle, todo el día y toda la noche, porque entonces si pueden hacerlo. Lo disfrutan tanto como pueden. Porque en septiembre todo empieza a apagarse y el movimiento es de retroceso, como una ola, y se empiezan a guardar las cosas de la luz y el calor y la gente termina encerrada de nuevo, cubriendose de la sabana blanca del invierno."


Ruido de copas y música de fondo

on miércoles, 30 de noviembre de 2011

Toronto, 5 de noviembre de 2011


- ¿Y ustedes de dónde son?
- De México.
- Que bien, y ¿es la primera vez que vienen a este bar?
- Si, porque no vivimos aquí. Vivimos como a 4 horas al sur de aquí.
- ¿Y qué demonios hacen aquí?
- Él es mi novio, y vino a una reunión de trabajo que terminó ayer, y como no conocemos Toronto nos quedamos unos días más para conocer.
- ¿Qué tal les está pareciendo la ciudad?
- Me encanta, es genial. Hay mucha vida y cosas que hacer, está padrísima.
- ¿Y dónde se están quedando?
- En una hostería que está aquí a la vuelta, como a 30 metros de este lugar.
- Entonces, es la primera vez que vienen a Toronto
- Si
- Y terminaron el día aquí, en este pequeño bar, perdido, platicando un un montón de lesbianas.
- Si
- Bienvenidos a Toronto, perras!

Esa noche mi novia tuvo más suerte con las mujeres que yo.

Aire

on martes, 25 de octubre de 2011



Uno:
   Solo por diversión ¿Quién se va primero?, platicabamos en una reunión social. Habría que hacer una quiniela a ver quien es el primero que se mueve. A final de cuentas todos sabemos que eso de la rotación no es algo que se desea, pero es algo natural dentro de nuestro oficio. Una sombra recorrió la mesa y nadie quiso decir nada.

   Poco después nos dimos cuenta que todos estabamos no solo cómodos, sino contentos en nuestro trabajo. Fuera de lo mucho o poco que hacemos, nos gusta y trabajamos bien como estamos. Nadie en su sano juicio dejaría de manera voluntaria el lugar en el que estamos. A menos que pase algo mal, cosa que inevitablemente va a pasar. Desde un oficio de la Cd. de México, un cambio de jefe, un conflicto interno predecible y un reemplazo de la plantilla, hasta el agotamiento de los fondos. Todo puede pasar y, en el 80% de los casos vendrá acompañado de un drama personal.

   Durante esa semana pensé en las posibilidades que podrían hacer que alguien nos dejara. Con excepción de dos, el resto de las posibilidades venía acompañada de la imagen de uno de mis compañeros en un rictus de decepción. En los escenarios más predecibles, a los más creativos e improbables, mientras más iba pensando, mas me daba cuenta que en su momento tendremos que afrontar todos la situación y los espacios vacíos que vayamos dejando. Era sufrir por adelantado.

   Entonces ¿nadie se va a animar a la quiniela?  No, gracias. Lo mejor es quedarnos así como estamos y no adelantarnos a nada de lo que seguro va a pasar.

Dos:
   Habían pasado mas de tres meses desde la última vez que la vi. Esta vez vino a desayunar a la casa para después acompañarnos a buscar unas especias que necesitabamos para preparar un platillo. Lo increible de los seres humanos es que cuando compartimos experiencias, a veces se crean vínculos personales a pesar de no tener muchas cosas en común. Y, ese día me di cuenta que la dejé de ver la misma cantidad de tiempo que había tratado con ella y que teníamos poca conversación en común.

   ¿Cómo está tu familia? Mas o menos, respondió con un tono bajo y casi entre dientes. Nunca habla entre dientes, nunca habla bajo. Aunque le cuesta trabajo hablar en español tiene ese toque francófono en el que todos abren mucho la boca cuando hablan, a pesar que no sean escandalosos. ¿Tu mamá? Si, ella... cáncer, respondió entre dientes de nuevo.

   Pasaron semanas antes de volver a hablar de ella. A la mamá la conozco, ella es la dueña de la casa de los sueños y en su momento describí la impresión que ella me daba y la luz que se desbordaba en su casa. Me dieron ganas de ir y verla. Pero, ¿a qué? ¿para qué?


A veces las cosas son demasiado felices para ser verdad.
El problema no es que lo sean, sino el que siempre pensemos que son tan buenas que algún día se va a terminar.
Al final pasamos todos esos dias felices temiendo el momento en el que ya no lo sean.
Después de todo, los mejores dias son aquellos en los que sabes lo que va a pasar, pero no te importa, porque lo estás disfrutando y no quieres que algo que sabes que vas a tener que enfrentar te afecte desde antes.
Es por eso que los niños se divierten tanto.
Me encanta ser un niñote.